Eva Perón, una mujer en la Historia Argentina (Capítulo 4)

En esta cuarta entrega, Rodolfo Ghezzi, autor de esta serie dedicada a Evita, nos plantea “El Viaje a España” de Eva Duarte de Perón a partir del momento mismo de la toma de decisión para su realización.
EL VIAJE A ESPAÑA. Los prolegómenos (continuación)
Por Rodolfo Ghezzi
José María de Areilza presentó sus credenciales como embajador de España en la República Argentina el 20 de Mayo de 1947. Recuerda en sus “Memorias Exteriores 1947-1964” que después del acto se quedaron solos con Perón y el canciller Bramuglia, extendiéndose la conversación durante mas de dos horas, con cafés y cigarrillos de por medio.
Repasaron la situación política mundial y refiriéndose a España, el presidente le dijo que “ayudaría de forma decisiva y generosa a que saliera adelante de la situación carencial de alimentos que sufría nuestro país”(1 ). Y agrega que Perón le repitió varias veces “Ya sé que en España, el pueblo tiene hambre”.
EL VIAJE A ESPAÑA. Los prolegómenos (continuación)
Por Rodolfo Ghezzi
José María de Areilza presentó sus credenciales como embajador de España en la República Argentina el 20 de Mayo de 1947. Recuerda en sus “Memorias Exteriores 1947-1964” que después del acto se quedaron solos con Perón y el canciller Bramuglia, extendiéndose la conversación durante mas de dos horas, con cafés y cigarrillos de por medio.
Repasaron la situación política mundial y refiriéndose a España, el presidente le dijo que “ayudaría de forma decisiva y generosa a que saliera adelante de la situación carencial de alimentos que sufría nuestro país”(1 ). Y agrega que Perón le repitió varias veces “Ya sé que en España, el pueblo tiene hambre”.

En los actos protocolares del 25 de Mayo, fiesta patria en Argentina, el flamante embajador conoce a Eva Perón y comenta que al día siguiente, a las ocho de la mañana, la primera dama lo llamó para citarle a las tres de la tarde y hablar del viaje a España, todo esto urgente. El encuentro se produce en el edificio de Trabajo y Previsión donde Evita pasaba varias horas al día recibiendo a la gente.
El Conde de Motrico llamó a Madrid para pedir instrucciones y desde aquí le dijeron que “operara sobre el terreno”. Las palabras de Areilza en sus memorias sobre su llegada al lugar, son lo bastante elocuentes para describir el panorama, que por otra parte se repetía a diario. “A las tres de la tarde llegué a la planta baja del gran edificio que era antaño el Consejo Municipal.
La impresión del visitante era la de llegar a un inmenso y estrepitoso barullo. Había comisiones de todas clases: comités de sindicatos; niños de las escuelas públicas con sus maestros; madres lactantes con sus niños en brazos; inválidos; pobres de solemnidad; diputados nacionales; periodistas y un verdadera nube de fotógrafos” (el 27 de Octubre de 1988 tuve oportunidad de entrevistar a José María de Areilza para un programa de Radio Nacional de España y, fuera de antena, recordaba esos y otros momentos inolvidables de su estadía en Argentina).

Luego de la espera, se concretó la reunión entre ambos. He aquí la reproducción textual, sobre el diálogo de ese encuentro sacado de las citadas memorias:
- Me dicen que ha venido usted con la misión de torpedear mi viaje a España y de entregarme aquí la medalla de la reina Católica.
- Es un infundio deliberado y ridículo. Si usted desea viajar a España la invitación está abierta siempre; lo mismo para el General.
- El General no puede por ahora abandonar el país. El programa de mi viaje que me han mostrado es una porquería. Hay que cambiarlo entero.
- No hay ningún programa establecido para su viaje. Depende de lo que usted decida o quiera en lo relativo a fechas y actos a celebrar.
- El embajador americano Messersmith ha hecho una gestión cerca de Perón para que yo desista del viaje. No le parece prudente “todavía”. Le hemos contestado que iremos cuando nos parezca.
Así empezó mi conversación con la primera dama. Era un duelo artillero de afirmaciones fantásticas y de deseos encubiertos. Para llegar al meollo de la cuestión hube de sortear diez o doce afirmaciones parecidas. Por fin sabía lo que ella quería:
- Deseo que el Jefe de Estado me venga a esperar al aeropuerto. Y que me imponga en público la condecoración, en alguna plaza de Madrid ante mucha gente. (2)
La exigencia de Evita sobre la entrega de la Cruz por el mismo Franco y públicamente, tenía una explicación que el mismo Areilza se encarga de aclarar en sus memorias: “Al salir de Madrid, el Ministro me hizo entrega de un paquete que contenía un ejemplar de la gran cruz de Isabel la Católica destinado a la esposa del presidente.
Era una pieza lujosamente enriquecida con perlas y brillantes y el general Franco me indicó que la condecorara cuanto antes porque se había anudado una intriga muy confusa en torno a este asunto. No me dijo más y yo tampoco quise recabar más información, suponiéndola banal. Pero he aquí que al llegar a la capital me enteré de toda una compleja tela de araña montada en torno a esta cuestión. Dos conocidas damas de la capital habían urdido un plan mediante el cual, a cambio de invitar a Eva Perón a visitar España y ser allí condecorada, se obtendría a través de su influencia política la solución de un complejo pleito que se arrastraba desde hacía varios años.
Marcharon a Madrid –unos meses antes de mi nombramiento- y realizaron unas gestiones oficiosas –y pienso que imaginarias- para lograr que el gobierno español entrara en el juego. No ocurrió tal cosa. Pero sin esperar a estar seguras del éxito, volvieron a Buenos Aires y echaron las campanas al vuelo. Se lo comunicaron a Evita y le dieron incluso una fecha, el 1º de abril, en la que el Decreto de otorgamiento de la cruz se haría público. Pasó ese día y no figuró en la condecoración en las listas del Boletín Oficial.
Evita montó en cólera. Cerró las puertas de su residencia a las dos damas en cuestión. Y lo tomó además como un desaire personal de Franco a su persona. Al llegar yo a Buenos Aires desconocedor de todo ese embrollo pintoresco, y al mismo tiempo portador de la Cruz que mi antecesor, el embajador conde de Bulnes, había solicitado por la vía regular, hube de averiguar enseguida cuales eran los planes de la esposa del presidente respecto al asunto.”(3)
Una de las ideas fijas de Eva era el tema femenino, los derechos y el voto de la mujer. Antes del viaje a España, desplegó una actividad incansable, reuniéndose con legisladores justicialistas, prodigándose en las emisoras de radio con mensajes sobre los derechos cívicos y con consignas dirigidas a las mujeres, especialmente a las obreras para que estuvieran dispuestas, si era necesario, a una movilización general. Eva dejaba los deberes hechos para el regreso.

El avión DC-4 de la compañía Iberia partió de Buenos Aires el 6 de Junio de 1947 a las 16,20 horas. El aparato estaba acondicionado con un salón y un dormitorio. A Eva la acompañaban once personas, entre ellas Liliane Guardo, (asesora personal y dama de compañía, esposa de un colaborador de Perón), su hermano Juan, un periodista del diario oficial “Democracia”, Muñoz Azpiri (su redactor de discursos) y Alberto Dodero, multimillonario argentino que se había ofrecido a sufragar el viaje. El padre jesuita Hernán Benítez, confesor de la primera dama, viajó directamente a Roma para preparar la visita y el encuentro que ella iba a tener con el entonces Papa Pío XII en el Vaticano.
(1) y (2) “Memorias exteriores 1947-1964. José María de Areilza. Editorial Planeta. Colección Espejo de España. 1984. (3) Memorias citadas.
RAÍZ ARGENTINA, el sentimiento argentino en España y Europa



















