• Historia Argentina: Revolución de Mayo de Norberto Galasso – Capítulo 5 – 1ª Parte

    CARTA ABIERTA ESPAÑA , difunde “Revolución de Mayo”, del ensayista, historiador y escritor argentino Norberto Galasso, “Ponencia para el Bicentenario de la Revolución de Mayo de 1810”.
     
     
    Esta serie de notas por entregas del texto de Norberto Galasso, forma parte de las publicaciones que realiza la revista RAÍZ ARGENTINA en sus ediciones impresas en España y en la versión online.
     
    Revolución de Mayo
     
    Norberto Galasso, historiador y escritor argentino, autor de este escrito "Revolución de Mayo"
     
    Norberto Galasso

    Capítulo 5 – Primera parte - La revolución en América:

    De la Revolución Democrática a la Liberación Nacional

     
    Diversas circunstancias se conjugan, entonces, para que los pueblos criollos participen del fervor revolucionario desatado en España a partir de 1808. Por un lado, debe tenerse en cuenta que la relación España-América se había modificado a partir de la llegada al trono de los Borbones, iniciándose un proceso peculiar de liberalización, de aflojamiento y hasta dilución del vinculo colonial, en tanto se moderaban las disposiciones opresivas y el trato se tornaba cada vez más semejante al que la corona tenía con las propias provincias españolas. Más que de España y sus colonias, podía hablarse de la nación hispanoamericana en germen, que se consolidaría si triunfaba la revolución burguesa en la Metrópoli.

    El estallido de la revolución en España profundizó y consolidó ese “nuevo trato”. El 22 de enero de 1809, la Junta Central declara que “los virreinatos y provincias no son propiamente colonias o factorías, como las de otras naciones, sino una parte esencial e integrante de la monarquía española”,[14] y que en su mérito “deben tener representación nacional inmediata y constituir parte de la Junta a través de sus diputados…”.[15]

    Incluso la Junta Central de Sevilla llegará a enviar un comunicado a todas las capitales de América convocando a los pueblos a erigir Juntas Populares. Sin embargo, esta relación no alcanzó, en los hechos, la plenitud prometida en las declaraciones. Así, las Cortes de Cádiz reunidas para sancionar la nueva constitución tuvieron representación americana, pero ésta fue falseada por los liberales españoles (si los representantes se hubiesen designado democráticamente, es decir, en función del número de habitantes, los americanos habrían prevalecido sobre los españoles).

    Más allá de esta inconsecuencia, quedan en pie los siguientes hechos fundamentales para explicar lo que ocurrió en América: los sectores populares se insurreccionaron en España contra el invasor, organizándose en Juntas Populares.

    Esas Juntas Populares asumen, en la lucha misma, no solo la reivindicación nacional sino la reivindicación democrática y transformadora; el movimiento se impregna entonces de la ideología liberal expandida por la Revolución Francesa que ha prendido en pensadores, políticos y soldados españoles, aunque con variantes reformistas y moderadas en muchos casos, y este movimiento asume como referente a un hombre prisionero del invasor, que tiene derecho a gobernar España por la vieja legalidad monárquica, pero que se manifiesta, desde su reclusión, como abanderado de las nuevas ideas democráticas: Fernando VII.
     
     
    Fernando VII, Rey de España en los años de las revoluciones indepentistas de América


    Por otra parte, la revolución española –por intermedio de la Junta Central- hace saber a las tierras de América que no son colonias sino provincias con igualdad de derechos (22 de enero de 1809).[16] Y convoca asimismo a los pueblos americanos a que se organicen en Juntas (28 de febrero de 1810),[17] confiando que de este modo se asegurará la resistencia a las pretensiones francesas.

    ¿De qué manera reaccionan los americanos ante estos importantísimos cambios que se operan en España y ante las propuestas de los revolucionarios de allende el mar?

    Reaccionan organizando las Juntas que desplazan a la burocracia ligada al absolutismo que ha caído en España. Pero las Juntas de América no tienen frente a ellas, al ejército francés, sino apenas, su amenaza. De tal modo que la cuestión nacional no nutre, desde el principio, su contenido ideológico.

    Detengámonos en este tema que resulta complejo y a la vez decisivo para la caracterización. ¿Existía cuestión nacional en América en el sentido de liberación de una opresión extranjera?

    Por un lado, no había invasión extranjera, como en la España atropellada por Napoleón. Por otro, el mayor organismo político español declaraba que no consideraba a estas tierras como colonias sino solamente como extensión del territorio español y sujetas, por esta razón, al mismo trato que cualquiera de las provincias de la península. ¿Había aquí un pueblo sometido?

    Si, evidentemente, el pueblo sometido fue el aborigen y si existía una cuestión nacional, ésta solo podía entenderse como opresión de los colonizadores españoles sobre los indios americanos. Pero, profundizando el tema, ¿los aborígenes conformaban una nación en el sentido riguroso de esta categoría? Pareciera que no, pues existían diversas comunidades que empleaban distintas lenguas, no teniendo trato comercial entre ellas y que, comúnmente, entraban en conflicto.

    ¿Habría entonces que hablar de “varias” cuestiones nacionales, de los conquistadores, respecto de cada una de las comunidades indígenas: mapuches, guaraníes, incas, aztecas, mayas, onas, matacos, comechingones, charrúas, querandíes, quilmes, etc.?

    Más bien, esta diversidad de comunidades indígenas –es decir, su falta de cohesión, su desarticulación económica, política y cultural- resulta la mayor prueba de que esa cuestión nacional entre el conquistador español y el indio nativo carecía ya de vigencia.

    O dicho de otro modo: que esa cuestión nacional ya no podía ser resuelta en 1810 dado que los indígenas se hallaban sometidos, dispersos, en un nivel de desarrollo económico, técnico y militar tan inferior al de los españoles, que su suerte estaba echada. Ya en 1810, una América libre no podía serlo en su pureza india, sino como mestiza. Y la cuestión frontal que delimitaba a los grupos sociales no otorgaba a las comunidades indígenas la exclusividad en una vereda antiblanca sino sus confluencia, con mestizos y blancos, en una reivindicación democrática general.


    Norberto Galasso
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    Historia Argentina: Revolución de Mayo de Norberto Galasso – Capítulo 5 – 2ª Parte

    CARTA ABIERTA ESPAÑA , difunde “Revolución de Mayo”, del ensayista, historiador y escritor argentino Norberto Galasso, “Ponencia para el Bicentenario de la Revolución de Mayo de 1810”.

     

     
    Esta serie de notas por entregas del texto de Norberto Galasso, forma parte de las publicaciones que realiza la revista RAÍZ ARGENTINA en sus ediciones impresas en España y en la versión online.
     
    Revolución de Mayo
     
     El historiador argentino Norberto Galasso durante una conferencia dictada en Buenos Aires, Argentina
     
    Norberto Galasso
     
     

     
    Capítulo 5 – Segunda parte - La revolución en América:
    De la Revolución Democrática a la Liberación Nacional




    La lucha social a principios del siglo XIX no se centra entonces en el conflicto español-indio, como contradicción fundamental de tipo racial derivada de la conquista. Algunos grupos aborígenes estaban ya integrados a la nueva sociedad (como los huarpes, por ejemplo) y otros, aislados, al margen de la sociedad hispanocriolla, vivían su estancamiento, hasta que cayeron finalmente en la degradación del malón.

    Otras comunidades indígenas –como en el Alto Perú- vivían si sometidas y explotadas, pero aun en este caso sus intentos reivindicativos fueron generalmente aislados y no asumieron el carácter de una lucha nacional (incluso su participación posterior a Mayo, en la importantísima guerra de las republiquetas, se da integrándose a la revolución, compartiendo su reivindicación antiabsolutista y democrática y no como intento de reivindicación nacional antiblanca).
     
    Imagen del Cabildo Abierto de Buenos Aires, el 22 de mayo de 1810, que derivó en la creación del gobierno criollo del 25 de mayo
     


    El español y sus descendientes nacidos en América, organizados socialmente con la incorporación también de indios y mestizos, armaron una sociedad distinta, y en gran medida (salvo el Alto Perú) ajena a los primitivos pobladores, sociedad donde surgía ahora un conflicto de clases que no expresaba una opresión nacional sino una lucha social y política.

    La relación metrópoli-colonia establecida en un principio entre los conquistadores españoles y los indios americanos, se fue diluyendo en la medida en que se desintegraron las encomiendas y fue siendo reemplazada por otro conflicto: el del absolutismo de los reyes que imponían su ley y sus  representantes al pueblo hispanoamericano (de la misma manera que la imponían al pueblo español de la península) y frente al cual iba a nacer la reivindicación de la soberanía popular (tanto de los españoles, como den los criollos y de los indios, oprimidos económica, social y políticamente). La opresión no era de un país extranjero sobre un grupo racial y culturalmente distinto (cuestión nacional) sino de un sector social sobre otro dentro de una misma comunidad hispanoamericana.

    Por esta razón, el estallido español con su gente en las calles, con sus Juntas democráticas, con sus exigencias de derechos para el pueblo, pone en tensión los conflictos sociales existentes en América, es decir, provoca la eclosión de fuerzas democráticas, transformadoras, no signadas por un color nacional sino por reclamos populares semejantes a los que enarbola el pueblo español en las calles y aldeas de España.

    Norberto Galasso
     
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    Historia Argentina: Revolución de Mayo de Norberto Galasso – Capítulo 5 – 3ª Parte y Bibliografía

    CARTA ABIERTA ESPAÑA , difunde “Revolución de Mayo”, del ensayista, historiador y escritor argentino Norberto Galasso, “Ponencia para el Bicentenario de la Revolución de Mayo de 1810”.

     

     

     
    Esta serie de notas por entregas del texto de Norberto Galasso, forma parte de las publicaciones que realiza la revista RAÍZ ARGENTINA en sus ediciones impresas en España y en la versión online.
     
    Revolución de Mayo
     
    Completamos el escrito "Revolución de Mayo" del historiador y escritor argentino Norberto Galasso
     
    Norberto Galasso
     
     

    Capítulo 5 – Tercera parte - La revolución en América:

    De la Revolución Democrática a la Liberación Nacional




    Las Juntas en América –salvo dos o tres casos donde los sectores reaccionarios toman el poder levantando consignas juntistas como Elío en 1809 en Montevideo o Pedro Garibay en México en 1808- aparecen así como expresiones democráticas. Se trata, en realidad, de un estallido “juntista” que recorre a toda Hispanoamérica y en un lapso de pocos meses, se constituye en el acompañamiento de la revolución española, en un momento de esa revolución, que ya en España, desde su inicio como movimiento nacional, ha devenido en democrática y paradójicamente pareciera  que inicia su declinación, debilitada por la inexistencia de una burguesía nacional capaz de darle cohesión y vigor en el ámbito de toda la península.

    En este sentido, cabria ajustar esa definición de Alberdi de que “la revolución en América fue un momento de la revolución española”. Si bien es cierto que los movimientos de las distintas ciudades hispanoamericanas sólo se explican enlazándolos con los de la península, cabe observar que los primeros estallan precisamente cuando en España se produce un pronunciado viraje a la derecha. El reemplazo de la Junta Central por el Consejo de Regencia implica el “entronizamiento del funcionarismo, la corrupción y en general el régimen de opresión de Godoy”.[18]

     Así, dentro del proceso que viven España y sus ex colonias, las Juntas americanas aparecen como levantándose contra el Consejo de Regencia. Ante la opción de caer en manos de los franceses, que dominan casi todo el territorio español, o de un gobierno girado a la derecha que linda con el absolutismo, las fuerzas democráticas se lanzan a la revolución sin propósito secesionista, sino integrándose al movimiento popular que en la península confía en la profesión de fe liberal del cautivo Fernando VII.

    El 19 de abril de 1810 “un cabildo extraordinario reunido en Caracas, resuelve constituir una Junta provisional de gobierno a nombre de Fernando VII con el objeto de conservar los derechos del rey en la capitanía general de Venezuela”.[19]

    El 25 de mayo se produce el levantamiento en Buenos aires y el 14 de junio en Cartagena. El 20 de julio, en Santa Fe de Bogotá se adoptan medidas similares para el Virreinato de Nueva Granada.

    El 16 de septiembre, al grito de “Viva el Rey” el sacerdote Manuel Hidalgo levanta a los indios de su curato en Dolores, México. El 18 de septiembre estalla una insurrección en nombre del rey cautivo en Santiago de Chile.[20] Como un reguero de pólvora, la revolución se expande en pocos meses por Hispanoamérica, a través de Juntas y en nombre de Fernando, continuando así el proceso democrático español.

    Quizás en algunos dirigentes revolucionarios vibraba ya la idea de la independencia, en la medida en que desconfiaban de  las posibilidades de  Fernando VII de regresar al trono y suponían inevitable la caída de toda España en manos de Napoleón. En ese caso, la única manera de resguardar los derechos democráticos y la soberanía popular, resultaría la secesión. Pero  por ahora, ni aun esos dirigentes plantean semejante posibilidad, limitándose a acompañar el movimiento popular con los ojos puestos tanto en los sucesos locales como en el desarrollo del proceso español.

    De cualquier modo, el carácter democrático, popular y no separatista de las revoluciones que estallan en 1810 en América resulta indubitable. No solo Alberdi lo comprendió sino otros ensayistas, entre ellos José León Suárez en su libro Carácter de la revolución americana.
     
    Asimismo Manuel Ugarte lo entendió cabalmente y lo resumió así:
     
    Manuel Ugarte, escritor y político socialista argentino que vivió a caballo de los siglos XIX y XX


    “Ninguna fuerza puede ir contra sí misma, ningún hombre logra insurreccionarse completamente contra su mentalidad y sus atavismos, ningún grupo consigue renunciar de pronto a su personalidad para improvisarse otra nueva. Españoles fueron los habitantes de los primeros virreinatos y españoles siguieron siendo los que se lanzaron a la revuelta. Si al calor de la lucha surgieron nuevos proyectos, si las quejas se transformaron en intimaciones, si el movimiento cobro un empuje definitivo y radical fue a causa de la inflexibilidad de la Metrópoli.

    Pero en ningún caso se puede decir que América se emancipó de España. Se emancipó del estancamiento y de las ideas retrogradas que impedían el libre desarrollo de su vitalidad… ¿Cómo iban a atacar a España los mismo que en beneficio de España habían defendido, algunos años antes, las colonias contra la invasión inglesa? ¿Cómo iban a atacar a España los que, al arrojar del Río de la Plata a los doce mil hombres del general Whitelocke, habían firmado con su sangre el compromiso de mantener la lengua, las costumbres y la civilización de sus antepasados?...

    Si el movimiento de protesta contra los virreyes cobro tan colosal empuje fue porque la mayoría de los americanos ansiaba obtener las libertades económicas,  políticas, religiosas y sociales que un gobierno profundamente conservador negaba  a todos, no solo a las colonias, sino a la misma España… No nos levantamos contra España, sino a favor de ella y contra el grupo retardatario que en uno y en otro hemisferio nos impedía vivir”.[21]

    Norberto Galasso

    Bibliografía citada:

    ________________________________________
    [1] Hugo Wast, Año diez, Goncourt, Buenos Aires, 1970, p.11.
    [2] Julio Cesar Chávez, Castelli el adalid de mayo, Leviatán, Buenos Aires, 1957, p. 155.
    [3] Enrique Rivera, José Hernández  y la guerra del Paraguay, Indoamérica,  Buenos Aires, 1954, p. 20.
    [4] José Luís Romero, Gran Historia de Latinoamérica, Abril Educativa y cultural, Buenos Aires, 1974
    [5] Ídem.
    [6] Ídem.
    [7] Enrique De Gandia, Conspiraciones y revoluciones sobre la independencia americana, O.C.E.S.A., Buenos Aires, 1960, p. 28.
    [8] Ídem, p. 227.
    [9] Ernesto Fitte, El precio de la libertad, Emecé, Buenos Aires, 1965, p. 38.
    [10] Juan Bautista Alberdi, Mitre al desnudo, Coyoacán, Buenos Aires, 1961, p. 28.
    [11] Kart Marx y Friedrich Engels, Devolución en España, Ariel, Barcelona, 1973, p. 92.
    [12] Ídem, p. 92.
    [13] Ídem, p. 95.
    [14] Enrique De Gandia, Historia del 25 de Mayo, Claridad, Buenos Aires, 1960, p. 41.
    [15] Ídem, p. 41.
    [16] Ídem, p. 41.
    [17] Ídem, p. 39.
    [18] Juan Ignacio Gorriti, Discurso en la legislatura, (31/5/1826), citado por Raúl Molina en La primera polémica sobre la Revolución de Mayo, Buenos Aires, 1967.
    [19] A. J. Pérez Amuchástegui, Crónica Histórica Argentina, Codex,Buenos Aires, 1969, Tomo I, p. XLVIII.
    [20] Ídem.
    [21] Manuel Ugarte, Mi campaña hispanoamericana, Cervantes, Barcelona, 1922, p. 23.


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    HISTORIA ARGENTINA. Francisco Narciso de Laprida, un argentino de la Independencia

    Hablemos primero de nuestro compatriota sanjuanino, Germán Andrés Castro, autor de este artículo histórico publicado en la revista de la Asociación de Argentinos en León.
     
     
    Nacido en la ciudad de San Juan, tiene 32 años y lleva dos años y medio viviendo en León. Ha realizado estudios de abogacía en la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina. Actualmente se desempeña laboralmente en empresas leonesas y participa activamente de los eventos y reuniones de la entidad que los argentinos han conformado en la provincia de León.
     
     
    Ésta es su nota:
     
    Lámina que revive el juramento de la Independencia Argentina, el 9 de Julio de 1816. Preside la asamble Narciso Francisco Laprida
     
    Francisco Narciso de Laprida
     
    Autor: Germán Castro
     
     
    Sanjuanino, nacido el 28 de octubre de 1786. Francisco Narciso de Laprida Estudió en el Real Colegio de San Carlos en Buenos Aires, trasladándose luego a Santiago de Chile para cursar Cánones y Leyes en la  Universidad de San Felipe. En 1810 se licenció en Leyes. Regresó a su provincia natal y fue electo síndico del Cabildo de San Juan.
     
    Abogado y político colaboró con Don José de San Martín y el gobierno del Dr. José Ignacio de la Roza en la formación del Ejército de los Andes. Como perito en leyes y vecino de importancia fue electo representante ante el Congreso de Tucumán junto a Fray Justo Santa María de Oro, correspondiéndole ejercer la presidencia del mismo el 9 de julio de 1816 cuando se redactó y firmó el acta de la Independencia.
     
    Francisco Narciso de Laprida participó asimismo en el Cabildo Abierto en que se formó la Junta Provisional de Gobierno. Regresa a San Juan donde reemplaza al Dr. De la Roza en la gobernación provincial. Cuando Mendizábal toma el poder es hecho prisionero,  huyendo posteriormente a Chile, de donde regresa en 1822,  representando en 1824 a su provincia en el Congreso General Constituyente, presidiéndolo él mismo durante algunos meses.
     
    Unitario, carga con el precio político del fusilamiento de Dorrego y regresa a San Juan y luego pasa a Mendoza. Perseguido, huye de las fuerzas de Oribe y Quiroga. Muere el 22 de septiembre de 1829.
     
    En un ataque sorpresivo de tropas de José Félix Aldao,  Francisco Narciso de Laprida fue hecho  prisionero, muriendo a manos de estas tropas. Su cadáver nunca fue encontrado. La inclusión de esta escueta biografía de quien, a través de su representación en el Congreso de Tucumán contribuyó, como verdadero valedor de la gesta libertadora de Don José de San Martín, dando sustento político al proceso emancipador, pretende hacer justicia y rendir homenaje a tan ilustre prócer.
     
    Jorge Luís Borges, lejano descendiente de Francisco Narciso de Laprida, es autor del poema que sigue, dedicado a su memoria.
     
    POEMA CONJETURAL
     
    El doctor Francisco Laprida, asesinado
    el día 22 de Septiembre de 1829
    por lo montoneros de Aldao, piensa antes
    de morir:
    Zumban las balas en la tarde última
    hay viento y hay cenizas en el viento
    se dispersan el día y la batalla
    deforme, y la victoria es de los otros.
    Vencen los bárbaros, los gauchos vencen.
    Yo que estudié las leyes y los cánones,
    yo, Francisco Narciso de Laprida
    cuya voz declaró la independencia
    de estas crueles provincias, derrotado,
    de sangre y de sudor manchado el rostro,
    sin esperanza ni temor, perdido,
    huyo hacia el sur por arrabales últimos.
    Como aquel capitán del Purgatorio
    que, huyendo a pie y ensangrentando
    [el llano,
    fue cegado y tumbado por la muerte
    donde un oscuro río pierde el nombre.
    Así habré de caer. Hoy es el término.
    La noche lateral de los pantanos
    me acecha y me demora. Oigo los cascos
    de mi caliente muerte que me busca
    con jinetes, con belfos y con lanzas.
    Yo que anhelé ser otro, ser un hombre
    de sentencias, de libros, de dictámenes,
    a cielo abierto yaceré entre ciénagas
    pero me endiosa el pecho inexplicable
    un júbilo secreto. Al fi nal me encuentro
    con mi destino sudamericano,
    A esta ruinosa tarde me llevaba
    el laberinto múltiple de pasos
    que a mis días tejieron desde un día
    de la niñez. Al fi nal he descubierto
    la recóndita clave de mis años,
    la suerte de Francisco de Laprida
    la letra que faltaba, la perfecta
    forma que supo Dios desde el principio.
    En el espejo de esta noche alcanzo
    mi insospechado rostro eterno. El círculo
    se va a cerrar. Yo aguardo que así sea.
    Pisan mis pies la sombra de las lanzas
    que me buscan. Las befas de mi muerte,
    los jinetes, las crines, los caballos,
    se ciernen sobre mí…Ya el primer golpe,
    ya el duro hierro que raja el pecho,
    el íntimo cuchillo en la garganta
     
    Jorge Luís Borges

     

     
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    HISTORIA ARGENTINA. Cabral en la Marcha de San Lorenzo

    Clásica imagen de la batalla de San Lorenzo, junto a las barrancas del Río Paraná. Al fondo, el Convento San Carlos

    Sargento Cabral,

    el héroe de la Marcha de San Lorenzo

     
    Vamos a analizar al personaje clave,  en torno al cual Carlos Javier Benielli, de la ciudad de Venado Tuerto y vecino de Cayetano Silva, el músico y compositor uruguayo que había compuesto la “Marcha de San Lorenzo”, hace girar el momento culminante del canto, incorporado a esa marcha militar de fama mundial. Encontrémonos con el Sargento Juan Bautista Cabral, correntino para más señas
    Para situarlo históricamente nos valemos del artículo de Jorge Mumbach publicado en www.fmmeducacion.com.ar de Argentina. Recompone y arma con datos documentales la vida, ciertamente anónima,  de este muchacho de La Salada (hoy Sargento Cabral) de Corrientes.
    Nos comenta que sus padres eran doña Carmen Robledo y Francisco Cabral, ambos al servicio de Luis Cabral y Tomasa Casajus, en esa población, como él mismo antes de incorporarse a los Granaderos.
    Cuando las invasiones inglesas de 1807 batalló y salvó por poco su vida. No se habituaba a Buenos Aires y consigue regresar a sus pagos en 1812. Sin embargo a finales de ese año va con otros 72 correntinos para presentarse el 19 de noviembre en el Cuartel del Retiro del Regimiento de Granaderos.
    Nos comenta textualmente el St. Mumbach que “A la fecha su incorporación en 1812 al segundo escuadrón de los recién creados Granaderos contaba con unos 23 años, de acuerdo a la biografía que transmite Pastor Obligado (1849-1914).
     
    Su diligencia y capacidad de mando le granjearon galones de cabo para diciembre de ese año, y de sargento al siguiente; la que recoge Bartolomé Mitre en su monumental Historia de San Martín y de la Emancipación Americana, por el contrario, lo hace soldado raso a la fecha del combate”.
     
    Lo cierto es que estaba allí, en la explanada del Convento San Carlos de San Lorenzo, localidad santafesina situada al norte de Rosario. Allí un designio le deparaba vivir un fugaz pero gran momento de gloria, que lo haría, como dice Benielli, inmortal.
     
    Así lo relata Mumbach al momento culminante: “a poco de comenzada la batalla, cuando el fuego enemigo derribó a la montura de San Martín y aprisionó a éste debajo del animal. Cabral desmontó y ayudó al coronel a incorporarse. Los detalles exactos de la acción no se conocen, es imposible determinar con exactitud cuan arriesgada resultó.
     
    En algunas interpretaciones, Cabral interpone su cuerpo como escudo entre las bayonetas realistas y San Martín, lo que parece poco probable. (…) con todo, Cabral resultó gravemente herido en la acción, si bien no murió en el campo de batalla sino en el refectorio del vecino convento de San Lorenzo, utilizado como hospital de campaña tras el enfrentamiento. La leyenda fue iniciada por el propio San Martín a raíz de una carta dirigida a la Asamblea del Año XIII; le adjudica en su lecho de muerte la máxima "Muero contento, hemos batido al enemigo".
     
    Situados en la vida de este joven de unos 23 ó 24 años aquel 3 de febrero de 1813, convengamos que el venadense Benielli encontró en su gesto épico y aún homérico de entrega de la vida por la Patria naciente, el leit motiv para crear una historia más expresiva y recordada,  que todas las páginas que se puedan escribir sobre Juan Bautista Cabral, correntino.
     
    Le otorga a su acción decidida al ayudar al General San Martín, nada menos que el valor de nudo gordiano de la libertad de los países australes de Sudamérica. Sus pinceladas son tan precisas y retratan a Cabral con una fuerza expresiva tan firme, que a cualquiera que se le pregunte por la Marcha de San Lorenzo, serán estos versos, juntos con el inicial “Febo asoma”, los que más recordarán, unidos al ritmo bien marcado por Silva.
     
    Cabral, soldado heroico,
    cubriéndose de gloria,

    cual precio a la victoria,
    su vida rinde, haciéndose inmortal.

    Y allí, salvo su arrojo,
    la libertad naciente

    de medio continente.
    ¡Honor, honor al gran Cabral!
    Habría sido un peón de campo o tal vez el capanga o capataz de aquella estancia correntina, continuando la ocupación de su padre. Sin embargo,  esa moneda mágica que es el destino, ha dado vueltas y caído de manera tal un 3 de febrero de 1813 y otro día sin precisar de Venado Tuerto, como para que su joven vida tronchada en el campo de batalla, se convirtiera en todo un símbolo que está vivo y seguramente se perpetuará y aún agigantará.
    Es el destino de los héroes. Ellos no lo buscaron pero estaban marcados para ser distintos.

    Sargento Juan Baustista Cabral… honor al mérito!

    Granaderos a caballo desfilando en Argentina. Ha sido el regimiento del Sargento Juan Bautista Cabral

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    Tesoro hundido de los Alvear, argentinos y españoles

    REVISTAS RAÍZ ARGENTINA (Noviembre 08)

     
    José María Moncasi de Alvear (Foto: Revista Raíz Argentina Nov. 08)
    La apasionante historia que hermana a rancios apellidos argentinos con sus parientes del otro lado del océano, tras el reclamo del oro y la plata que viajaban en la fragata La Mercedes, hundida hace dos siglos en la costa de Cádiz.
     
    Durante dos siglos, 17 toneladas de oro y plata durmieron en el fondo del mar y se creyeron perdidas para siempre, luego de que una flotilla inglesa las enviara a pique junto con la fragata española en que viajaban.

    Pero ahora, en que ese colosal tesoro despertó de su letargo profundo, la inesperada derivación es que, de acuerdo con documentos en poder del Archivo General de Indias, numerosos argentinos podrían tener derecho a reclamar parte de ese botín.
    “Lo que ocurrió con el naufragio de la fragata La Mercedes implica un daño moral y patrimonial contra el comandante Diego de Alvear, que era mi ancestro y el de mis familiares argentinos”, dice, al corroborar semejante dato, el español José María Moncasi de Alvear.

    La noticia fue anticipada por el diario La Nación y, en ella, este español residente en Zaragoza confirmó que tanto la rama peninsular como la argentina de la familia están “muy atentas” para, eventualmente, reclamar su parte en esta extraordinaria disputa patrimonial con dos siglos de historia y cañonazos encima.

    En su derrotero, el curioso relato familiar de tesoros y de naufragios alcanza a figuras de nuestra historia. Entre ellas, el político y militar Carlos María de Alvear (1789-1852), el ex intendente Torcuato de Alvear y el ex presidente Marcelo T. de Alvear
    Pero es muy posible que no sean los Alvear los únicos argentinos descendientes de españoles con eventual derecho sobre el tesoro. El listado del Archivos de Indias reconoce otros 130 apellidos vinculados a los bienes que transportaba la fragata La Mercedes, muchos de ellos, con generaciones en nuestro país.

    Figuran así apellidos como Aramburu, Arredondo, Bustillo, Cárdenas, Bustamante, Elizalde, Escribano, Espinosa, Gainza, De la Fuente, De Olano, Erausquin, Ugarte, Querejazu y Zaldívar. Así como las familias de Joaquín Mansilla, Francisco Maria Zuloaga y Manuel de Rozas y Zorrilla.
    “Todos ellos tenían bienes que formaban parte del tesoro del buque”, dijo Moncasi de Alvear.

    Con eso, se revela una nueva punta en esta historia que empezó a escribirse hace 200 años y que hoy, con el hallazgo de los restos del naufragio, derivó en batalla judicial con varias partes enfrentadas que se ventila en un juzgado del Tampa, en el estado norteamericano de Florida.

    Por un lado está el Estado español, que sostiene que el barco, y todo lo que llevaba a bordo, le pertenece. La fragata La Mercedes constituye “una propiedad inalienable de España", por cuyo legado “lucharemos con vigor”, anticipó ya el ministro de Cultura, César Antonio Molina
    Por el otro, el Estado peruano, que sostiene que el oro y la plata con que se hicieron las monedas salieron de sus minas. Y, por tanto, ya presentó reclamo ante el tribunal de Tampa, con el aval del gobierno de Alan García.

    En el caso de particulares, la disputa suma a Odyssey Marine Exploration (ODE), una firma norteamericana especializada en rastrear tesoros antiguos, que fue la que encontró los restos del barco frente a la costa de Cádiz, donde lo alcanzaron los cañones ingleses.

    Y contempla, ahora, a los descendientes de los 130 mercaderes españoles cuyo patrimonio integraba las dos terceras partes del tesoro que se fue a pique. Son sus familiares los que, dos siglos después, podrían reclamar su parte. Y, de acuerdo con lo que trascendió, “ya se están organizando” para cuando llegue el momento.

    La historia trágica de La Mercedes empezó en el puerto español de El Ferrol, de donde partió en 1802 hacia las Indias con la orden de traer caudales a la península. Iba comandada por Diego de Alvear, quien viajaba junto a su mujer, María Balbastro, y ocho hijos.

    Con el tesoro a cuestas, partió de regreso en 1804, acompañada por una flotilla de custodia. Pese a que, en ese momento, España estaba en paz con Inglaterra, fueron atacados por una flota inglesa al mando del comodoro Graham Moore.

    La Mercedes, con todos sus pasajeros y su tesoro, se hundió en cuestión de minutos, ante la espantada mirada de Diego de Alvear y de su hijo mayor, Carlos, que la habían abandonado momentáneamente para navegar en La Medea, otra de las fragatas de la flotilla española.

    Hasta allí, parte del drama. Dos siglos después, la empresa ODE dio con los restos del barco y con las 500.000 monedas de oro y plata. Y, con ese tesoro a la vista, lo que empieza ahora es otro tipo de batalla.

    Algo podrá saberse en los próximos meses, cuando el juez Mark Pizzo, del tribunal de Tampa, empiece a dirimir qué derechos son los que prevalecen sobre ese patrimonio rescatado del azul profundo.

    Con eso, tal vez regale un golpe de suerte a muchos argentinos que descienden de aquellos españoles que, hace doscientos años, vieron cómo lo suyo se iba a pique.
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    Argentina de 1912: El Grito de Alcorta

    En 2009 publicábamos esta nota en la revista RAÍZ ARGENTINA, el sentimiento argentino en España y Europa, en medio de los conflictos del agro argentino con el gobierno por las retenciones a las exportaciones. El Grito de Alcorta es uno de los hechos históricos más destacados del campo argentino.
     
     
     

    En este último año largo de conflicto entre el gobierno argentino y los productores agropecuarios, muchas veces se ha nombrado como referencia de la lucha reivindicativa del campo a este hecho que tuvo su epicentro en pueblos y campos del sur santafesino.

    Tal como ocurriera en la Patagonia (y se revivió en la película ´La Patgonia rebelde´), la región pampeana de Argentina tuvo su momento de rebelión, con el movimiento surgido entre chacareros de Máximo Paz y Alcorta, en el sur santafesino, respaldado por curas párrocos, abogados, comerciantes y fuerzas vivas de la región.

    Desembocó en el llamado ´Grito de Alcorta´ por celebrarse la asamblea del 25 de Junio de 1912 en la Sociedad Italiana de esa localidad. Entonces se enfrentaban los agricultores ante los terratenientes, quienes en complicidad con las autoridades, les imponían condiciones leoninas en los contratos de aparcería y arrendamientos rurales.

    De ese movimiento, que consiguió partes de sus fines, surgió la Federación Agraria Argentina con sede en Rosario.

    Fueron días muy duros con enfrentamientos armados y el trágico epílogo del fusilamiento del abogado paceño Francisco Netri y el asesinato en Firmat de los dirigentes agrarios Francisco Mena y Eduardo Barros.

    Netri y sus hermanos, los párrocos de Máximo Paz, José y Pascual, fueron figuras decisivas en esta acción de quienes trabajaban los campos de Argentina para reivindicar sus derechos.

     

     

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